Así somos los
colombianos

Capítulos

Fragmentos
LA SÉPTIMA OLA DE LA ENCUESTA MUNDIAL DE VALORES

ASÍ SOMOS LOS COLOMBIANOS

deslice

El estudio sobre cambio cultural más antiguo del mundo, financiado este año para Colombia por Comfama, muestra que vivimos en una sociedad en tránsito, definida por la tensión entre tradición y progreso.

Andrés Casas y Nathalie Méndez*

Medellín y Philadelphia / College Station

*Casas es investigador principal de la World Values Survey (WVS) para Colombia. Méndez es candidata doctoral del Centro de Normas Sociales y del Laboratorio de Neurociencias para la Paz y los Conflictos de la Universidad de Pennsylvania; también es co-investigadora principal de la WVS en Colombia.


Para contribuir al fortalecimiento del Ecosistema Comfama y a las familias de clase media en Colombia, World Values Survey, Invamer y Raddar se unieron para implementar la séptima ola de la Encuesta Mundial de Valores (EMV-7). En esta ocasión, gracias a la generosidad de Comfama, este año Colombia pudo seguir formando parte del estudio sobre cambio cultural más antiguo en la historia. Por primera vez, una caja de compensación se unió a esta alianza para aportar, como fuente de información empírica com- plementaria, a la comprensión de la composición, los atributos, las dinámicas y los desafíos de las familias colombianas. Con la EMV-7 Comfama también busca ofrecer oportunidades para diseñar estrategias basadas en evidencia, orientadas a fortalecer, hacer sostenibles e identificar caminos para que las familias del siglo veintiuno sean motor y a la vez beneficiarias del desarrollo humano en el país.

En esta séptima ola en Colombia, la encuesta utilizó una muestra representativa de 1520 entrevistas cara a cara, aplicadas a personas que viven en Colombia y que son mayores de edad (dieciocho años). El cuestionario EMV-7 consta de trescientos ítems estandarizados, organizados en catorce módulos temáticos que miden valores sociales, económicos, políticos, culturales, así como actitudes frente al medio ambiente y la tecnología. Todo esto pretende dar cuenta de las transfor- maciones que enfrenta la sociedad colombiana. Se incluyeron preguntas adicionales en materia de construcción de paz, migración y consumo. A continuación, presentamos una mirada de los resultados del estudio.

LA ENCUESTA PERMITE PROBLEMATIZAR CÓMO ESOS VALORES COINCIDEN (O NO) CON UN CAMINO DE DEMOCRATIZACIÓN Y DESARROLLO

La familia y el trabajo: lo más valorado

Sin distinción de clase social, las personas conside- ran que lo más importante es sus familias (99 %), el trabajo como deber social (97 %), el tiempo libre (89 %) y la religión (77 %). La mayoría coincide en afirmar que en sus vidas “Dios es muy importante” (92 %). Los valores preferidos como “básicos en la crianza” son los buenos modales (90 %), la tolerancia hacia a otros (78 %) y el sentido de la responsabilidad (73 %). Para el 95 % de los encuestados es muy importante que sus padres estén orgullosos de ellos; las clases baja y media sienten el deber de proporcionar cuidado a sus padres en la vejez. La política es uno de los aspectos que los encuestados menos valoran (al 72 % no le interesa), pero sí piden que se le dé más importancia a la tecnología (71 %). Cada vez más, los colombianos valoran el esfuerzo individual y el trabajo duro como una forma de alcanzar resultados.

ver más

Fragmentos

Las tres clases sociales sienten que las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres (7,1 en una escala de uno a diez), así como las mismas capacidades y desempeño en diferentes ámbitos. Por ejemplo, cuando se pregunta por la afirmación “Los hombres son mejores líderes políticos que las mujeres”, más del 75 % de los encuestfdos dice estar en desacuerdo o muy en desacuerdo. Esta misma tendencia se da cuando se pregunta si la educación universitaria es más importante para un hombre que para una mujer (en desacuerdo y muy en desacuerdo 83 % en clase baja, 85 % en clase media y 89 % en clase alta). En general hay actitudes de respaldo a la “igualdad de género”, pero se mantienen actitudes sexistas relacionadas con la equidad en materia de ingresos entre hombres y mujeres.

Persisten los desafíos en materia de igualdad salarial, pues 45 % aún piensa que si una mujer gana más que su pareja puede haber problemas en el hogar. Así mismo la mitad de los encuestados piensa que cuando una madre trabaja sus hijos sufren. 68 % piensa que las mujeres tienen igualdad de oportunidades para ocupar un cargo público. De manera creciente se observa un reconocimiento de las familias del mismo sexo, actitudes positivas frente a la homosexualidad (48 %), y tan solo dos de cada diez manifestaron no desear tener de vecina a una persona del sector poblacional LGBTQI. Alrededor del 60 % de los encuestados aprueba las relaciones sexuales antes del matrimonio. Aunque es mayoritario el rechazo al uso de la violencia en las relaciones sociales, tres de cada diez encuestados todavía aprueban el castigo físico hacia los niños y niñas.

El desafío del siglo XXI: la percepción de la corrupción y el bajo desempeño estatal

Todas las clases sociales coinciden en que “existe mucha corrupción en Colombia”; nueve de cada diez colombianos piensan que es así. Los encuestados consideran que el “pago de sobornos” es una experiencia frecuente para la gente común (50 %). El 81 % de los encuestados considera que los más involucrados en actos de corrupción son las “autoridades estatales”, seguidas de las “autoridades locales” (77 %), los “prestadores de servicios” (70 %) y los “ejecutivos de negocios” (68 %).

Las tres clases sociales coinciden en decir que “nada justifica conductas atajistas, violentas o antiso- ciales”. En promedio, tres de cada diez encuestados consideran “más justificable” reclamar beneficios del Estado. El 70 % piensa que hay poco respeto por los derechos humanos. En una escala de uno a diez, los encuestados califican en 3,54 su satisfacción con el sistema político, y se evidencia una marcada tendencia a considerar el país como “poco democrático”. Preocupa que muchos colombianos han creado prejuicios frente a formas de acción política directa, pero repuntan en confianza las organizaciones de mujeres.

Brotes de paz y oportunidades de la ola migratoria

Hicimos un análisis especial sobre paz y convivencia con los inmigrantes. En contravía de las narrativas de algunos medios de comunicación, a los colombianos sí les preocupa que se acabe el acuerdo de paz (60 %), que se desate una guerra internacional (67 %) y que se vuelva a la guerra interna (74 %). Identificamos la presencia de una norma social que puede estar bloqueando las actitudes de respaldo y las disposiciones hacia la reconciliación: la gente piensa que el porcentaje de personas que espera que uno se reconcilie con otros es tan solo de un 25 %. Sin embargo, las disposiciones individuales hacia a la reconciliación son positivas; por ejemplo, seis de cada diez personas aceptaría como vecino a un desmovilizado.

En materia de inmigración, Colombia se encuentra en el filo de la oportunidad. Las instituciones dan una perspectiva humanitaria y de bienvenida, pero la sociedad ya comienza a recorrer el peligroso camino de la creciente diferenciación entre “ellos” y “nosotros”, en el nivel más local. Los encuestados de clase media y alta tienen una perspectiva más positiva respecto al aporte de diversidad cultural que trae la inmigración. El país todavía está a tiempo de consolidar una actitud integradora, de contar historias que ayuden a disolver las suposiciones que, muchas veces por desconocimiento, emergen de manera automática.

Prioridades para los próximos diez años: seguridad existencial y sostenibilidad ambiental

Los encuestados coinciden en que el principal objetivo del país para los próximos diez años debe ser “un alto nivel de crecimiento económico”. El segundo objetivo es procurar que las personas ten- gan “mayor participación”. Para siete de cada diez encuestados, el país necesita importantes cambios, pero estos deben hacerse de manera incremental, no radical. Las clases baja y media coinciden al escoger como prioridad “mantener el orden del país”, dar a la gente mayor participación en las decisiones importantes del Gobierno, “luchar contra el alza de precios” y “proteger la libertad de expresión”.

En general, los colombianos tienen una percepción favorable de la ciencia y la tecnología. Los encuestados piensan que estas están haciendo nuestras vidas más saludables, más fáciles y más cómodas. Sin embargo, les preocupa la seguridad de su intimidad en las redes y la protección de sus datos. Se comparte la preocupación y a la vez la conciencia de la importancia de la protección del medioambiente y su valor para el futuro. Más de la mitad de los encuestados manifiesta que se debería dar prioridad a la protección del medioambiente, incluso si esto provoca un crecimiento económico más lento y pérdidas de puestos de trabajo.

Pasar la pesada página del atavismo

En suma, los hallazgos generales confirman “un aumento de atributos posmodernos”, un cambio paulatino en algunos valores tradicionales a pesar de que Colombia sigue siendo una sociedad conservadora. También hace evidente una “brecha en cuanto a preocupaciones materiales”: entre el 2 % más rico y el resto de la sociedad. El reto histórico más grande de nuestra historia yace en asuntos de confianza, en la percepción de corrupción generalizada y en la desilusión frente a las instituciones y los procesos democráticos esenciales como las elecciones, el imperio de la ley, la representación partidista y la movilización ciudadana.

Hoy los colombianos somos más conscientes y más críticos de nuestro entorno. La encuesta nos muestra que se abre una ventana de oportunidad para un cambio de enfoque fresco en un contexto nuevo: pasar de la obsesión con la seguridad pública, a la conciencia de la seguridad doméstica y existencial, posibilitando una vida digna y libre de violencias; un paso fundamental para el desarrollo humano.

Las mediciones realizadas entre 1995 y 2019 nos muestran que la colombiana es una sociedad en tránsito, definida por la tensión entre tradición y progreso en lo político, entre supervivencia y autoexpresión en lo material. Somos expresión de la “disonancia cognitiva” que nos posiciona como el segundo país más conservador después de Qatar y, a la vez, como el segundo país más posmoderno de América Latina, después de México.

En un mundo turbulento en que la autocracia se extiende y numerosos muros sociales se elevan, al parecer las barreras mentales y culturales se derrumban lentamente en nuestro país. Vivimos una transición frágil, cuyas oportunidades yacen precisamente en los miedos que una vez nos habían hecho estancarnos. La paz, entendida como la tranquilidad en el encuentro con el otro, es hoy el hilo para coser un tejido social que se abre rápidamente; el foráneo a la familia se presenta como aliado, fuente de mundos y metas nuevas; la democracia y su naturaleza participativa devienen nuevamente en anhelo, en un contexto en que los ciudadanos, ante la desilusión, quieren tener más responsabilidad. Lo anterior eleva la vara para públicos y privados que deben cambiar su actuar y repensar su legado para una sociedad que se muestra cada vez más autónoma, crítica, pacífica, fuerte en lo material y en lo intelectual.

Los datos de esta EMV-7 muestran un camino ganado gracias a mejores niveles de salud, educación y formación para el trabajo. Las lecciones de años de violencias traslapadas, de luchas sociales, de esfuerzos por la paz, de migraciones y encuentros impulsados por la fuerza del desplazamiento interno, así como de modernización de nuestras instituciones no han sido en vano. Los colombianos comenzamos poco a poco a pasar la pesada página del atavismo. Vivimos en una sociedad que se abre al mundo, que se conecta y que abraza las aspiraciones de estilos de vida propios sin otro molde que el de la búsqueda de la seguridad existencial, la felicidad de los más cercanos y la realización de las aspiraciones sin la eliminación del otro, sin corrupción, sin la destrucción del medioambiente.

LA FAMILIA Y DIOS SON LO PRIMERO

SIN DISTINCIÓN DE CLASE SOCIAL, EN COLOMBIA LAS PERSONAS VALORAN COMO LO MÁS IMPORTANTE:

Asi somos los colombianos - Arcadia
FAMILIA
99%
Asi somos los colombianos - Arcadia
TRABAJO
97%
Asi somos los colombianos - Arcadia
TIEMPO LIBRE
89%
Asi somos los colombianos - Arcadia
LA RELIGIÓN
77%

LOS VALORES PREFERIDOS COMO “BÁSICOS EN LA CRIANZA” SON:

Asi somos los colombianos - Arcadia
Asi somos los colombianos - Arcadia
Asi somos los colombianos - Arcadia
EL DESINTERÉS
POR LA POLÍTICA ES DEL
72%


95%

de los encuestados considera “muy importante” que sus padres estén orgullosos de ellos; las clases baja y media sienten el deber de proporcionarles cuidado en la vejez.

92%

coincide en afirmar que Dios es muy importante en sus vidas.

BIENESTAR Y FELICIDAD EN MEDIO DE LA INCERTIDUMBRE MATERIAL

LA MAYORÍA DE LOS ENCUESTADOS MANIFIESTA SER MUY FELIZ Y TENER UN BUEN ESTADO DE SALUD.
80%
DICE ESTAR MUY ORGULLOSO DE SER COLOMBIANO.
LA SATISFACCIÓN CON LA SITUACIÓN ECONÓMICA

6,61

ES MENOR QUE LA SATISFACCIÓN CON LA VIDA EN GENERAL
8,16

En general, los encuestados dijeron haber vivido situaciones de estrés social como no tener suficiente comida, sentirse inseguro frente a posibles delitos en casa o no tener una casa para vivir seguro. La falta de dinero ha sido un problema para la clase media y la baja.

Cuando se les pide a las tres clases sociales que comparen su nivel de vida con el nivel de vida de sus padres cuando tenían su edad, el mayor porcentaje de encuestados se califica como “casi igual”.

CONFIANZA EN LAS INSTITUCIONES, CAPITAL SOCIAL Y PARTICIPACIÓN: EL GRAN DESAFÍO

Revista Arcadia
Revista Arcadia
Revista Arcadia

UNA SOCIEDAD MÁS EQUITATIVA

En temas de género, la gente poco a poco reconoce otras identidades y opciones de vida y familia.

Se percibe que las mujeres y hombres tienen los mismos derechos, así como ligualdad de capacidades y desempeño en diferentes ámbitos

7,10
EN UNA ESCALA DE 1 A 10

Sin embargo, hay retos en materia de igualdad salarial

Revista Arcadia
LA MITAD DE LOS ENCUESTADOS
PIENSA QUE CUANDO UNA MADRE
TRABAJA SUS HIJOS SUFREN.
66%

NO PARTICIPA EN NINGUNA ORGANIZACIÓN

LA PERCEPCIÓN DE CORRUPCIÓN GENERALIZADA Y EL BAJO DESEMPEÑO ESTATAL: OBSTÁCULOS PARA EL DESARROLLO

Revista Arcadia

Todas las clases sociales coinciden en que existe mucha corrupción en Colombia 9 de cada 10 colombianos piensan que es así.

Revista Arcadia
70%
PIENSA QUE HAY POCO RESPETO POR LOS DERECHOS HUMANOS.

EN UNA ESCALA DE 1 A 10 LOS ENCUESTADOS CALIFICAN EN

3,54

SU SATISFACCIÓN CON EL SISTEMA POLÍTICO.

Revista Arcadia

BROTES DE PAZ Y DESAFÍOS DE LA OLA MIGRATORIA

En contravía de las narrativas de algunos medios, a los colombianos les preocupa que se acabe el acuerdo de paz, entrar en una guerra internacional o que se vuelva a la guerra interna.

Revista Arcadia
Revista Arcadia
COLOMBIA TIENE LA OPORTUNIDAD DEAPROVECHARLA INMIGRACIÓN CON PEDAGOGÍA Y ATENCIÓN INSTITUCIONAL. TAMBIÉN DEBE SUPERARLA DIFERENCIACIÓN ENTRE “ELLOS” Y “NOSOTROS”, QUE CRECE EN EL NIVEL MÁS LOCAL.
La clase media y alta tienen una perspectiva más positiva respecto al aporte de diversidad cultural que trae la inmigración.
ESTÁ DE ACUERDO CON QUE LA INMIGRACIÓN FORTALECE LA DIVERSIDAD CULTURAL
Revista Arcadia

Somos una sociedad más equitativa en temas de género, y poco a poco reconocemos otras identidades, opciones de vida y familia

Las tres clases sociales sienten que las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres (7,1 en una escala de uno a diez), así como las mismas capacidades y desempeño en diferentes ámbitos. Por ejemplo, cuando se pregunta por la afirmación “Los hombres son mejores líderes políticos que las mujeres”, más del 75 % de los encuestados dice estar en desacuerdo o muy en desacuerdo. Esta misma tendencia se da cuando se pregunta si la educación universitaria es más importante para un hombre que para una mujer (en desacuerdo y muy en desacuerdo 83 % en clase baja, 85 % en clase media y 89 % en clase alta). En general hay actitudes de respaldo a la “igualdad de género”, pero se mantienen actitudes sexistas relacionadas con la equidad en materia de ingresos entre hombres y mujeres.

Persisten los desafíos en materia de igualdad salarial, pues 45 % aún piensa que si una mujer gana más que su pareja puede haber problemas en el hogar. Así mismo la mitad de los encuestados piensa que cuando una madre trabaja sus hijos sufren. 68 % piensa que las mujeres tienen igualdad de oportunidades para ocupar un cargo público. De manera creciente se observa un reconocimiento de las familias del mismo sexo, actitudes positivas frente a la homosexualidad (48 %), y tan solo dos de cada diez manifestaron no desear tener de vecina a una persona del sector poblacional LGBTQI. Alrededor del 60 % de los encuestados aprueba las relaciones sexuales antes del matrimonio. Aunque es mayoritario el rechazo al uso de la violencia en las relaciones sociales, tres de cada diez encuestados todavía aprueban el castigo físico hacia los niños y niñas.

El desafío del siglo XXI: la percepción de la corrupción y el bajo desempeño estatal

Todas las clases sociales coinciden en que “existe mucha corrupción en Colombia”; nueve de cada diez colombianos piensan que es así. Los encuestados consideran que el “pago de sobornos” es una experiencia frecuente para la gente común (50 %). El 81 % de los encuestados considera que los más involucrados en actos de corrupción son las “autoridades estatales”, seguidas de las “autoridades locales” (77 %), los “prestadores de servicios” (70 %) y los “ejecutivos de negocios” (68 %).

Las tres clases sociales coinciden en decir que “nada justifica conductas atajistas, violentas o antiso- ciales”. En promedio, tres de cada diez encuestados consideran “más justificable” reclamar beneficios del Estado. El 70 % piensa que hay poco respeto por los derechos humanos. En una escala de uno a diez, los encuestados califican en 3,54 su satisfacción con el sistema político, y se evidencia una marcada tendencia a considerar el país como “poco democrático”. Preocupa que muchos colombianos han creado prejuicios frente a formas de acción política directa, pero repuntan en confianza las organizaciones de mujeres.

Brotes de paz y oportunidades de la ola migratoria

Hicimos un análisis especial sobre paz y convivencia con los inmigrantes. En contravía de las narrativas de algunos medios de comunicación, a los colombianos sí les preocupa que se acabe el acuerdo de paz (60 %), que se desate una guerra internacional (67 %) y que se vuelva a la guerra interna (74 %). Identificamos la presencia de una norma social que puede estar bloqueando las actitudes de respaldo y las disposiciones hacia la reconciliación: la gente piensa que el porcentaje de personas que espera que uno se reconcilie con otros es tan solo de un 25 %. Sin embargo, las disposiciones individuales hacia a la reconciliación son positivas; por ejemplo, seis de cada diez personas aceptaría como vecino a un desmovilizado.

En materia de inmigración, Colombia se encuentra en el filo de la oportunidad. Las instituciones dan una perspectiva humanitaria y de bienvenida, pero la sociedad ya comienza a recorrer el peligroso camino de la creciente diferenciación entre “ellos” y “nosotros”, en el nivel más local. Los encuestados de clase media y alta tienen una perspectiva más positiva respecto al aporte de diversidad cultural que trae la inmigración. El país todavía está a tiempo de consolidar una actitud integradora, de contar historias que ayuden a disolver las suposiciones que, muchas veces por desconocimiento, emergen de manera automática.

Prioridades para los próximos diez años: seguridad existencial y sostenibilidad ambiental

Los encuestados coinciden en que el principal objetivo del país para los próximos diez años debe ser “un alto nivel de crecimiento económico”. El segundo objetivo es procurar que las personas ten- gan “mayor participación”. Para siete de cada diez encuestados, el país necesita importantes cambios, pero estos deben hacerse de manera incremental, no radical. Las clases baja y media coinciden al escoger como prioridad “mantener el orden del país”, dar a la gente mayor participación en las decisiones importantes del Gobierno, “luchar contra el alza de precios” y “proteger la libertad de expresión”.

En general, los colombianos tienen una percepción favorable de la ciencia y la tecnología. Los encuestados piensan que estas están haciendo nuestras vidas más saludables, más fáciles y más cómodas. Sin embargo, les preocupa la seguridad de su intimidad en las redes y la protección de sus datos. Se comparte la preocupación y a la vez la conciencia de la importancia de la protección del medioambiente y su valor para el futuro. Más de la mitad de los encuestados manifiesta que se debería dar prioridad a la protección del medioambiente, incluso si esto provoca un crecimiento económico más lento y pérdidas de puestos de trabajo.

Pasar la pesada página del atavismo

En suma, los hallazgos generales confirman “un aumento de atributos posmodernos”, un cambio paulatino en algunos valores tradicionales a pesar de que Colombia sigue siendo una sociedad conservadora. También hace evidente una “brecha en cuanto a preocupaciones materiales”: entre el 2 % más rico y el resto de la sociedad. El reto histórico más grande de nuestra historia yace en asuntos de confianza, en la percepción de corrupción generalizada y en la desilusión frente a las instituciones y los procesos democráticos esenciales como las elecciones, el imperio de la ley, la representación partidista y la movilización ciudadana.

Hoy los colombianos somos más conscientes y más críticos de nuestro entorno. La encuesta nos muestra que se abre una ventana de oportunidad para un cambio de enfoque fresco en un contexto nuevo: pasar de la obsesión con la seguridad pública, a la conciencia de la seguridad doméstica y existencial, posibilitando una vida digna y libre de violencias; un paso fundamental para el desarrollo humano.

Las mediciones realizadas entre 1995 y 2019 nos muestran que la colombiana es una sociedad en tránsito, definida por la tensión entre tradición y progreso en lo político, entre supervivencia y autoexpresión en lo material. Somos expresión de la “disonancia cognitiva” que nos posiciona como el segundo país más conservador después de Qatar y, a la vez, como el segundo país más posmoderno de América Latina, después de México.

En un mundo turbulento en que la autocracia se extiende y numerosos muros sociales se elevan, al parecer las barreras mentales y culturales se derrumban lentamente en nuestro país. Vivimos una transición frágil, cuyas oportunidades yacen precisamente en los miedos que una vez nos habían hecho estancarnos. La paz, entendida como la tranquilidad en el encuentro con el otro, es hoy el hilo para coser un tejido social que se abre rápidamente; el foráneo a la familia se presenta como aliado, fuente de mundos y metas nuevas; la democracia y su naturaleza participativa devienen nuevamente en anhelo, en un contexto en que los ciudadanos, ante la desilusión, quieren tener más responsabilidad. Lo anterior eleva la vara para públicos y privados que deben cambiar su actuar y repensar su legado para una sociedad que se muestra cada vez más autónoma, crítica, pacífica, fuerte en lo material y en lo intelectual.

Los datos de esta EMV-7 muestran un camino ganado gracias a mejores niveles de salud, educación y formación para el trabajo. Las lecciones de años de violencias traslapadas, de luchas sociales, de esfuerzos por la paz, de migraciones y encuentros impulsados por la fuerza del desplazamiento interno, así como de modernización de nuestras instituciones no han sido en vano. Los colombianos comenzamos poco a poco a pasar la pesada página del atavismo. Vivimos en una sociedad que se abre al mundo, que se conecta y que abraza las aspiraciones de estilos de vida propios sin otro molde que el de la búsqueda de la seguridad existencial, la felicidad de los más cercanos y la realización de las aspiraciones sin la eliminación del otro, sin corrupción, sin la destrucción del medioambiente.


Todas las infografías son de @MIGUELSANCHEZ.CO